Cuando ser escritor se convierte en acto de fe

Conoce más del libro "El cielo de Lima" y su autor Juan Gómez Bárcena

Un viaje con el escritor Juan Gómez Bárcena

Cántabro de aspecto bohemio, casi náufrago. A medio camino entre el destello de un retrato y la parsimonia que engendra el movimiento grácil de un guiñol. Fue quizás una impresión engañosa que a medida que Juan Gómez Bárcena se fue acercando descubrí atrevida. Apariencia que se tornó entrañable según fuimos conversando. Mutante, de palabra enriquecida, contagia su placer por la literatura. Nada de lo que ha conseguido le ha sido regalado. Salto de Página apuesta, con los ojos cerrados, a caballo ganador, por un estilo limpio. Una prosa rica y sin concesiones que reivindica lo borgiano. La perfección no existe, pero daría la felicidad. Y antes de que nos alcance la noche tomamos asiento en una taberna irlandesa.

Sobre la mesa dos barcos. Uno cargado de cartas que cruza los Sargazos entre ratas. Sobre el trasatlántico un título: “El cielo de Lima”. El otro, un barco fantasma, surca las conciencias de “Los que duermen” (Premio Tormenta a Mejor Autor Revelación). Dos obras, para dos mares de lectores, que son las que Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984), su autor, ha presentado a la sociedad en menos de dos años con un éxito abrumador.

Después llegan dos cafés y comienzo la entrevista.

1.-¿Qué ha supuesto para Juan Gómez Bárcena “El cielo de Lima”?

Fundamentalmente dos cosas. En primer lugar, mi regreso a la novela después de varios años dedicados al cuento; un tránsito siempre arriesgado, porque nuestras virtudes en un género pueden convertirse en defectos al ensayar otro formato distinto. Y en segundo lugar, la confirmación de mi carrera como autor de la editorial Salto de Página, el sello que apostó ciegamente por mi libro de cuentos “Los que duermen” cuando yo aún no tenía lectores, y a quien espero seguir brindando nuevos títulos como agradecimiento por esa prematura confianza.

2.- A medida que fui leyendo tuve, en algunos momentos, la extraña sensación de ver todo desde fuera hasta que, de repente, una fuerza narrativa me involucraba en una escena. Recuerdo haber sentido algo similar leyendo a Unamuno en Niebla ¿Hasta donde eres capaz de jugar con la psicología del lector?

Me parece que ese juego de distancia y cercanía que mencionas tienes que ver con el tono peculiar que adopta el narrador, siempre alternando una visión fría y metaficcional de la historia con episodios más emocionantes y conmovedores, en los que se busca una implicación más directa. Ése era de hecho uno de los principales propósitos de “El cielo de Lima”: proporcionar al lector un marco en el que reflexionar sobre el hecho literario y el propio género de la novela como artificio, pero al mismo tiempo involucrarlo de un modo más visceral y humano en la trama.

3.- Por la novela sobrevuela el aroma del narrador en pose de poeta que se autodefine con el credo del personaje ambivalente, desdoblando su esencia humana y creativa. Y tal es así que “…el oficio de escribir, que por otra parte no es una profesión sino algo así como un acto de fe”. ¿Cual es el credo de Juan Gómez Bárcena?

Me gusta que te detengas en ese pasaje, porque en él expongo de manera muy sintética mi propia percepción acerca del papel del autor. Siempre me ha parecido muy misteriosa esa frontera que supuestamente dividiría a los seres humanos en escritores y no-escritores. ¿Pero qué es ser escritor? ¿Es escritor quien escribe en secreto? ¿Quien publica? ¿Quien vende cien, mil un millón de ejemplares? Se trata sólo una etiqueta que adoptamos por consenso, cuando en un sentido laxo puede decirse que todos somos de hecho escritores; generamos continuamente discursos y ficciones en las que fantaseamos con posibilidades alternativas a la realidad, independientemente de si ponemos esas fantasías por escrito o no. Por ello, es escritor quien cree ser escritor o quien es reconocido por otros como tal, y en ese sentido no es una profesión, sino tan sólo un acto de fe.

4.- Inicia Muñoz Molina su discurso de ceremonia de entrega del Premio Príncipe de Asturias (2013) diciendo “Escribir empieza siendo casi siempre un sueño o un capricho o una vocación imaginaria…”. Georgina Hübner, realmente, ¿fruto de qué fue?

Supongo que es un poco las tres cosas. Actúa como un espejo en el que todos los personajes de la novela acaban proyectando sus propias fantasías y deseos. Por un lado, los sueños de los bromistas, que construyen a Georgina a imagen y semejanza de las mujeres que amaron; por otro lado, los sueños del propio Juan Ramón Jiménez, que no está interesado en conocer a Georgina tal como es, sino más bien a adaptarla al molde de la musa romántica que de hecho ya protagoniza sus poemas.

5.- Tienes tres licenciaturas universitarias, Teoría de la Literatura, Historia y Filosofía, ¿cual de ellas ha pesado más en la elaboración de la novela?

Efectivamente creo que mis estudios han contribuido a perfilar mi voz y mis intereses como narrador, aunque no sería justo decir que una licenciatura ha pesado más en mí que otra. Más bien entiendo que la formación académica siempre actúa como un todo homogéneo a la hora de formar una sensibilidad, y más en disciplinas tan semejantes como lo son la Literatura, la Historia y la Filosofía. Diría que la primera ha marcado mi campo de acción, la segunda mi foco de temas e intereses y la tercera una perspectiva problematizadora desde la que abordarlos.

6.- José y Carlos, padres literarios de Georgina, “Son ricos/Creen ser poetas/Quieren ser Juan Ramón Jiménez”. Descríbenos en 10 palabras al autor de El cielo de Lima y Los que duermen.

Si de verdad encontrara las diez palabras que me definen no necesitaría tantas sesiones de psicoanálisis…ni mucho menos escribir libros. De hecho, siempre he pensado que la escritura es muchas veces un pretexto para plantear el problema de nuestra identidad. Sí puedo decirte, en cualquier caso, que todos mis personajes tienen algo de mí, y que esas hipotéticas diez palabras incluirían rasgos de todos ellos.

7. Comentabas al principio de la entrevista que tu regreso a la novela después de varios años dedicados al cuento había supuesto un tránsito arriesgado. Respirar el estilo borgiano que habita en “Los que duermen” siempre es un punto de partida difícil hacia un estilo menos clásico, el del Cielo de Lima, donde el narrador es casi un personaje más, unas veces cercano al licenciado Cristóbal, otras a los subconscientes de Carlos y José.

Sin duda era un paso difícil, primero porque “Los que duermen” cosechó muy buenas críticas y sentía la presión de alumbrar una obra que volviera a despertar el interés de ciertos lectores; segundo, porque tal y como mencionas debía abandonar la relativa seguridad que me proporcionaba la estética borgiana para encontrar una voz y un imaginario un poco más personal. Y ésta ha sido por cierto la mayor satisfacción que me ha deparado “El cielo de Lima”: dar un paso más en ese largo camino que consiste en el hallazgo de una voz propia.

8. Se reconstruyen así mismo, se retroalimentan, con la historia de la novela que van forjando, José y Carlos, sobre todo a medida que les desborda la sinrazón del fantasma de Georgina. Parece despertarles sus instintos más básicos o aquellos que no son capaces de culminar y que, con ese final tan inesperado, explota ese deseo insatisfecho. ¿Es una novela moralmente manipuladora?

Alguien me dijo una vez que se trataba de una novela muy arriesgada, pues contaba la historia de amor entre un personaje real que nunca aparecía en escena (Juan Ramón Jiménez) y un personaje inexistente que sin embargo ocupaba todo el tiempo la escena (Georgina Hübner). Mi propósito era que efectivamente el fantasma de Georgina acabara dominando la escena, hasta el punto de acabar enamorando a sus propios creadores, como sucede en el caso de Carlos, y trastornando un poco la realidad pragmática de su propio mundo. Me alegra por tanto tu observación, porque significa que en parte este objetivo se ha conseguido.

9. Una de las batallas del mundo de la seguridad informática y que la evolución tecnológica no es capaz de superar con rotundidad es la suplantación de la identidad. Desde la máscara, pasando por el disfraz, hasta una carta llega a nuestros días un ejemplo claro de cómo el hombre fue y será capaz de engañar, a lo largo de los tiempos, a sus semejantes. ¿Te planteaste en algún momento mantener engañado al lector hasta el final?

Efectivamente, una posibilidad era adoptar no el punto de vista de los bromistas (José y Carlos), sino la perspectiva de la víctima (Juan Ramón Jiménez). Y aunque por supuesto llegué a valorar esa posibilidad, lo cierto es que la descarté muy pronto. Me gusta sorprender, pero no manipular la trama para lograrlo; y creo que habría sido deshonesto con el lector ocultar hasta el final la verdadera naturaleza del personaje de Georgina. Además, lo que me interesaba no era tanto narrar la historia de un desengaño (ése habría sido el núcleo de la trama si hubiéramos adoptado la perspectiva de Juan Ramón), sino más bien la historia de la creación de un personaje literario.

10. Adelántanos algo de tu próximo proyecto literario. ¿Novela o relato?

Nunca me había sentido tan exhausto creativamente como hasta ahora, así que lo cierto es que todavía no he comenzado a trabajar en nada. Puedo adelantar que intentaré probar géneros nuevos: tal vez la novela corta o el teatro…O tal vez me desdiga y acabe escribiendo otra novela, quién sabe. Necesitaremos un par de años para saberlo.

Fermín Caballero Bojart

Autor: Fermín Caballero Bojart

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