Cómo el Solsticio de Invierno se convirtió en Navidad

La Navidad se celebra de mil formas. De estas, la más antigua es sin duda el Solsticio de Invierno y aquí te contamos la razón por la que esta fecha sigue uniendo a la humanidad.

Desde antes de la historia documentada, el humano empezó a sospechar de la importancia del Sol, especialmente alrededor del Solsticio de Invierno. En rasgos simples, se trataba de la celebración del regreso de este astro después de un periplo cósmico, cuya translación marcaba el origen de los calendarios y el inicio de días más largos que darían espacio al verano. El Sol dictaba el Tiempo mismo y, en esta fecha, se festejaba el renacimiento de su vigor no conquistado, el triunfo de la luz sobre las tinieblas y el motivo por el que la Historia como tal empezó a registrarse.

Hoy en día, esta celebración coincide con los principios votivos del renacimiento de Cristo: “En el cristianismo, muchas de las grandes festividades estaban directamente relacionadas con el calendario solar o lunar. La Navidad, por ejemplo, es la celebración del Sol Invicto”, dice César Esteban profesor de Astrofísica en la Universidad de la Laguna e investigador en el Instituto de Astrofísica de Canarias. Pero el festejo del renacimiento del Sol lo encontramos en muchas culturas y costumbres, más allá de la tradición cristiana y las civilizaciones del Viejo Mundo, que sobreviven dentro del conglomerado festivo que une a familias y amigos cada diciembre.

Todos los caminos llevan a Roma

Después de todo, lo que hoy llamamos Navidad hereda muchas similitudes con las Saturnales, las fiestas paganas que celebraban los romanos en honor a Saturno. Este era el dios de la agricultura y la cosecha y sus fiestas originalmente transcurrían entre el 17 y el 23 de diciembre, coincidiendo con el Solsticio de Invierno. También, los romanos celebraban el 25 de diciembre la fiesta del Natalis Solis Invicti, o bien, otros festejos asociados al nacimiento del dios Apolo.

La celebración del solsticio de invierno no es exclusiva a Roma y, con el tiempo muchas de sus contrapartes globales han aunado parcialmente a su forma actual. Hoy en día, los celebrantes han heredado un festejo que enmarca fenómenos tan opuestos y complementarios como el sincretismo, la secularización y la monetización. Pero, antes de hacer una corta revisión de los ejemplos más representativos de costumbres actuales que demuestran el renacimiento moderno de las celebraciones del solsticio de invierno, realicemos una revisión de las fantásticas tradiciones, música y comida que conforman la Navidad, tal y cómo la conocemos solo en el mundo de habla hispana:

 


(via www.casinos-online.es)

El dios de la religión vieja es el demonio de la nueva

El sincretismo no es nada nuevo para Mesoamérica: la cultura de los países latinoamericanos ha conllevado una rápida y, sin duda, a tiempos violenta simbiosis de dos mundos que buscaba por mucho la aniquilación de uno. Pero una celebración que quizás es testamento de cómo la cultura de cada pueblo es un ente vivo que sobrevive en ellos es la Quema del Diablo de Guatemala, una celebración que se lleva a cabo el 8 de diciembre y que consiste en sacar las cosas más viejas que se encuentren en el hogar para hacer una suerte de limpia espiritual, un empezar desde cero.

Una vez que las familias se deshacen de todo, se prenden fogatas donde se queman figuras del diablo con papel, simbolizando el triunfo del bien contra el mal, acto que sin duda recuerda a otro tipo de costumbres relacionadas con el solsticio de invierno o una respuesta de la Iglesia Católica ante tradiciones de procedencia precolombina. Pues, así como decía ominosamente Churchill en sus memorables discursos: “los vencedores son los que escriben la historia”.

La Globalización como estándar moderno

La Globalización nos permite ver el mundo con ojos distintos, ser más conscientes de lo que nos une como personas. De esta manera podemos apreciar pequeñas diferencias en la manera en que celebramos alguna fiesta, así como el que en la mayoría de los países de habla hispana no es Santa Claus sino el Niño Jesús quien trae los regalos, desempeñando un importante papel en las celebraciones que rememoran su nacimiento.

Pero el fenómeno de la globalización hace unas décadas solo ha causado el efecto conductor de una nueva manera de pensar, una visión en la que es posible incluir a todos. Por ello, hoy en día “Las Fiestas” son un motivo de celebración comunal compartido por gentes de diversos credos y estilos de vida que se ha ramificado dentro de otros pasatiempos. Por ejemplo, la celebración de las Patinadas, que se llevan a cabo el 25 de diciembre y consiste en cerrar avenidas y calles enteras para que niños y adultos puedan salir montados en patines, patines que muy probablemente se recibieron como regalo en la noche de Navidad tal día o en años pasados.

Las Saturnales del capitalismo

Colas inmensas se forman cada año en Madrid desde antes de la tarde del 22 de diciembre y la algarabía de los ganadores llena las adornadas calles de la ciudad durante las fiestas decembrinas: esto es lo que causa la recién abierta boletería de la Lotería de Navidad, un sorteo cuyo premio máximo es de 4 millones de euros. Esta tradición que inicia en 1812 y, según fuentes históricas, se llevó en selectas localidades para «aumentar los ingresos del erario público», con el propósito de costearse las Guerras Napoleónicas, ha tomado por completo la imaginación de las familias españolas. Este es, sin duda, un evento grandísimo que bien puede verse como uno de los síntomas decadentes de un capitalismo tardío, que aliena a la humanidad incluso en sus tradiciones y fiestas, o bien, una celebración de la cosecha y la abundancia que nos recuerda más a Las Saturnales de la vieja Roma. Una tradición que ve a la humanidad renacer de nuevo, por puro milagro, justo como los romanos decían del Sol Invicto.

 

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